El fin de semana pasado tuve la oportunidad de realizar dos sueños a la vez — asistir presencialmente a un retiro de las Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial en Chandler, Arizona, y volar en avión por primera vez en mi vida.
Las Comunicadoras son una comunidad religiosa que tiene por misión compartir el amor del Padre Celestial en y a través de los medios de comunicación. Como he mencionado en otra publicación, hace varios años empecé a escuchar su programa radial, que se llama Conectados en Familia, y este pequeño hábito de sintonizarlo todos los días se convirtió en una parte importante de mi vida diaria. Me ha ayudado mucho a fortalecer mi fe.
Las hermanas y la comunidad me incluyeron cada vez más en sus actividades durante el último año, y tuve la oportunidad de asistir a muchos retiros virtuales y otros encuentros de oración y adoración a través de Zoom, WhatsApp y YouTube. Nunca había pensado mucho en asistir a uno de sus eventos en persona, porque vivo muy lejos de las ciudades donde tienen presencia. Pero por la providencia de Dios, tuve la oportunidad de ir a un retiro que realizaron el 29 de agosto en Chandler, Arizona. A pesar del ajetreo del viaje, fue un día bonito para el recogimiento interior.
Fue la primera vez que viajé en avión y espero escribir más sobre el tema en otro momento, pero por ahora basta decir que doy muchísimas gracias a todas esas personas con atrofia muscular espinal que me dieron consejos, ya fuera directamente o a través de sus propios blogs, como el de Cory Lee. Tenía miedo de que no me permitieran facturar la silla o de que la transferencia al asiento del avión fuera demasiado difícil. Pero todo nos fue bien a mí y a mi amiga Derrilynn, quien me cuidó durante el viaje, aunque sí aprendí algunas cosas que voy a hacer de manera diferente la próxima vez que viaje en avión.
También quiero dar gracias a mi mamá y a mi hermano, quienes me ayudaron con la preparación, y otro amigo, Kirk, que ayudó a recogernos en el aeropuerto. Por último pero no menos importante, le agradezco a mi novia, July, a quien conocí este año, por animarme siempre en mis locuras. Ella me había regalado un escapulario, el primero que he tenido, y tuve la oportunidad pedirle a un padre que lo bendijera durante el viaje, cerrando mi tiempo en Arizona con broche de oro.